El Maravilloso Mundo de Godi

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Volver (aunque no con la frente marchita) octubre 25, 2013

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 3:09 am
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Sentado con la gorra en su regazo, con el codo posado sobre el apoyabrazo, se friega los ojos, acomoda los anteojos y mira por la ventana circular. Observa las nubes y recuerda la primera vez que transitó ese mismo camino hace más de cincuenta años, sólo que aquella vez, en lugar de ver nubes solo divisaba el océano. Un barco inmenso desprovisto de los lujos de los actuales cruceros, y repleto de gente que -como él- cruzaba el charco escapando de la guerra, del hambre y del pan de maíz.

Ya en el aeropuerto, mira para todos lados descreído, de estar ahí, de que esa sea el país que hace más de medio siglo dejó, de volver a su patria, sintiéndose un extranjero en su propia tierra, buscando algún detalle que conectar con sus desteñidos recuerdos.

– Yo nunca estuve en Madrid. No, quedaba muy lejos –dice mientras el auto rueda por la gran vía- ¿quién me iba a decir que yo iba a estar cebando mate en Madrid?

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Desde la terraza del bus turístico, observa la puerta de Alcalá, no la conocía más que por aquella canción. El Museo del Prado, el Parque del Retiro, la Plaza de los Cibeles. “Es lindo”, pero esa no es su patria, no es SU tierra.

La mañana siguiente parte de esa ciudad cosmopolita, tan europea, tan desconocida, va hacia su Galicia, esa que dejó hace algunas décadas, esa que marcó su historia y su tonada, esa tonada que muchas veces causó risa entre sus vecinos, una mezcla extraña de español, gallego y de vaya a saber uno qué.

Unas cuantas paradas antes, unos 152 escalones subidos en una torre de Segovia (aunque él anotó en su diminuto cuadernito que fueron 300 para contárselo a la vuelta a sus amigos de Argentina), unas cuantas estaciones de servicio y termos de mate, y por fin el cartel que anunciaba la llegada a la región de Galicia.

Montañas, montes, bodegas, parras. El albariño, el famoso albariño. Los caminos sinuosos, las callecitas angostas, las innumerables subidas y bajadas. Eso sí se parece más a su patria, eso sí le devuelve sus recuerdos, sus bailes de juventud, las paradas en las pulperías, los abuelos maternos, la tumba de la madre que apenas conoció y la madre que adoptó.

Armenteira

Mira por la ventana de la camioneta en silencio. No puede creer que bajo ese asfalto se hallen los caminos por los cuales circulaba con una añeja bicicleta. De aquellos caminos hoy no quedan ni rastros. Quedaron sepultados por el cemento y por el tiempo.

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Cuando se baja en la puerta del Monasterio lo observa descreído. Las piedras son las mismas, eso sí que no cambió, el resto todo nuevo. Al ingresar a la capilla se retira la gorra y se acomoda los escasos cabellos con la mano izquierda.

– Si habré hecho girar esa campana, no sé si será la misma, capaz se cayó, no sé.

Recorre el monasterio observando cada detalle. Recorre historias y anécdotas. Momentos. Hoy forma parte de sus deshilachados y descoloridos recuerdos.

A medida que el automóvil trepa el estrecho camino, observa las casas que se erigen a ambos lados. Busca la que un día fue suya, ese hogar donde construyó tantos recuerdos, donde vivió momentos felices en tiempos de guerra y de hambre. Porque así de paradójica y maravillosa es la vida. Pero no la encuentra. Apenas los cimientos quedan.

El reencuentro

Lo mira incrédulo. Intenta reconocerlo. Trata de encontrarlo en la imagen de ese niño de 7 años  de quien un día se despidió. Hoy ya padre, abuelo, esposo, hombre. Lo reconoce en sus ojos, que son del mismo color que los suyos. Lo reconoce en las lágrimas que se abren camino en las mejillas. En su pelada que es la suya también. Se abrazan. Con disimulo.

Recorre la casa, mira cada rincón. Observa por el balcón el orreo,  la aldea que lo vio crecer. Mira a los suyos (¿los de acá, los de allá?). Descubre. Se descubre.

Y así la casa se va poblando. Hermanos, sobrinos, sobrinosnietos, cuñadas y cuñados, vecinos, amigos. Recuerdos.  Todos reunidos en una mesa para verlo, para reconocerlo, para reencontrarlo. Y él los mira, con los ojos vidriosos, con la voz quebrada. La sangre tira dicen. Y se nota, la emoción contenida. Se agarra la cabeza con ambas manos y la mueve de un lado a otro.

Parece alguna especie de sueño, de espejismo. Volver tras tantas negativas. Estar ahí a sus 82 años, con su vida a cuestas. Con una mochila repleta de recuerdos a los cuáles ubicar, dar una nueva cara, una nueva imagen. Dibujar surcos. Voltear algunas paredes. Reconstruir otras.

Las raíces humanas, tales como las de un árbol, se ramifican (valga la redundancia). De cada raíz salen muchas más, las cuales son capaces de levantar la tierra y el asfalto (por la fuerza que adquieren todas juntas tal vez). Se pierde entre tanta cara nueva. Debe pintar unas cuentas arrugas en algunos de sus recuerdos. Y apoya la mano en algunas rostros, imprimiéndose el recuerdo también en el tacto. Como verificando que es realidad.

Y mira por la ventana. Los árboles, las casas, los recuerdos que vienen y que van. Bebe. Ese vino que sabe a nostalgia. Esa empanada que huele a pasado y presente. Esa fusión de lo que fue y lo que es. Alrededor de la mesa. Las historias, las anécdotas, las fotografías que aparecen en su mente. Le cuentan recuerdos como una película que lo tiene como protagonista

Sonríe. Con y desde el alma. Oculta la emoción. Se saca los anteojos y se friega los párpados. Tal vez sea sueño. Tal vez la vida.

Recordar con todos los sentidos

En un restaurante de lujo, ubicado sobre una antigua posada, una moza, vestida de perfecto negro, recorre la larguísima mesa preguntando a los comensales si prefieren pan de trigo o de maíz. Cuando llega a donde él está sentado repite la misma pregunta que realizó a los demás. Un segundo de silencio.

– Pan de maíz, por favor.

Después de todo, es parte de lo que era o había sido, y volver –realmente volver- no era posible sin el pan de maíz, por más desagradable que él lo recordara.

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Postal de buenos aires julio 4, 2012

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 3:48 am
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Se sienta lentamente y apoya la espalda contra la pared, que le sirve como respaldo. Tiene una campera de lana color bordo, guantes negros con agujeros, un gorro de negruzco y unos pantalones roídos por el tiempo. La barba larga y grisácea le cubre casi todo el rostro. Los ojos, de mirada cansada, están rodeados por surcos profundas. Se friega con lentitud el rostro, mientras observa perdidamente los autos pasar.

Acomoda con paciencia unos cartones a su alrededor formando una especie de fuerte. Su rincón en la ciudad, en ese lugar del fin de la mundo. A su alrededor, la ciudad camina a paso rápido. Pero en esa transitada esquina, el tiempo parece detenido.

Mira la gente y la vida pasar sentado en la vereda de aquella avenida. Se vuelve casi imperceptible. Es una postal más de Buenos Aires, de esa Buenos Aires que en cada esquina puede dar una muestra de las contradicciones de la vida cotidiana. De los pesares y la indiferencia. De las brechas que nos separan y los muros que se levantan.

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EL fútbol y la vida junio 26, 2011

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 10:11 pm
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“Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuanto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: No saben nada de fútbol” Eduardo Sacheri

Hoy cuando miraba el partido y faltaban apenas minutos  para que terminara, y ya en el aire se percibía la sensación de dolor, de indignación, de odio acumulado ante aquellos que viven el fútbol sólo como un negocio. Y en la TV se enfocaban las caras de hinchas llorando, cantando y revoleando al compás la camiseta, cabezas cabizbajas, bronca contenida.

Y mientras miraba todo esto, con los ojos vidriosos y la cabeza entre las manos, recordaba la primera vez que pisé el Monumental, con apenas diez años y poco más de un metro treinta, y mi viejo me compró gorro, corneta y bandera, y con todo el merchandising sobre mi pequeño cuerpo ingresé en esa inmensa cancha pintada de rojo y blanco, y la hinchada alentaba con toda su pasión.

Y recordé al chileno Salas, arrodillado en una esquina de la cancha y con una mano extendida al cielo, y al Enzo corriendo hacia él para festejar un gol. Al Mono Burgos, con sus rarezas y locuras y con su pelo al viento. A Aymar y Saviola, gambeteando con toda elegancia.

Pero lo que más recordé fue cuando, después del gol de Salas, saltaba de alegría sobre uno de los asientos del Monumental, y mi viejo y mi hermana me abrazaron, y compartimos uno de esos momentos maravillosos y únicos que el fútbol sabe brindarnos y que sólo aquellos que lo experimentan pueden entender de que se trata.

 

Fútbol, a sol y sombra abril 5, 2011

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 3:48 am
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– Me había olvidado lo que se sentía, la gente, los cantos, los bombos, el olor a choripán – dijo Julio mirando a la gente que saltaba a su alrededor.

– ¿Hacía mucho tiempo que no venías? – preguntó Bruno mientras miraba de reojo hacia la cancha donde el equipo calentaba.

– Ufff, hace tanto tiempo ya, demasiado – se apoyó la mano sobre el rostro mirando hacia el suelo – como cuarenta y pico de años.

– ¿Y venías mucho antes?

– No me perdía un partido, pibe – sonrió de costado – así lloviera a cantaros, me tomaba el 40, caminaba 15 cuadras y acá firme cantando y gritando.

– ¿Y por qué dejaste de venir? – giró el cuerpo en dirección al hombre.

-Porque una tarde que era el clásico, perdimos, y no es que no lo haya visto perder antes, pero esa vez fue diferente, no nos lo merecíamos – hizo una breve pausa con la mirada perdida – Así que cuando salí de acá fui a un bar y me agarré una mamúa como nunca me había agarrado.

– ¿Y qué paso? ¿Por qué hiciste la promesa?

– Porque cuando llegué a mi casa tu abuela estaba con contracciones y tuve que ir al hospital así como estaba, borracho y con algunos golpes que me habían dado cuando nos agarramos a trompadas con los de Atlanta.

– Y te sentiste culpable y decidiste hacer la promesa de no venir más a la cancha.

– ¡Que me voy a sentir culpable! La sargento de la abuela me hizo prometerle que no iba a venir más a la cancha o agarraba al pibe y se volvía para San Jorge.

– ¿Y por qué te dejó venir hoy?

– Porque le dije que no quería morirme sin ver un clásico con mi sangre – le dio unos suaves golpes en el rostro al joven – bueno basta de tan charla que ahí arranca el partido.

 

Partida noviembre 22, 2010

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 4:40 pm
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Su voz tranquila la hizo dormir. Su respiración se fue calmando poco a poco. Las lágrimas cesaron, a medida que las caricias le rozaban el pelo y el alma.

No hizo falta contar ovejas, ni siquiera un cuento. El sueño vino sólo y rápidamente. Ni siquiera fue necesario apagar la luz.

Afuera se oían ruidos de autos y personas que hablaban. La miraba dormir. Los pensamientos se perdían entre las sábanas. El tic tac del reloj sonaba determinante, como el martillo de un juez, como el chirrido del tren cuando se va.

Se levantó suavemente. Le rozó por última vez la fracción de rostro que le quedaba descubierto y se fue despacio y en silencio, dejando atrás al cerrar la puerta toda una historia. Trabó con llave y pidió el ascensor. En la calle hacía frío y las veredas estaban mojadas por el rocío.

 

Recordar octubre 1, 2010

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 5:00 am
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Un giro. Recordar.

Lugares que dejamos

Personas que ya no están

Olores que se mantienen en la memoria.

Sensaciones.

El reloj cucú del abuelo.

La arrugas en las manos de la abuela.

Las hamacas de la plaza.

La leche con miel y chocolate.

Las tardes con bombuchas y juguitos sabor a uva.

Aprender a ser amigos.

El barrio, ese que algún día fue y que ya no es.

Canciones de otros tiempos que invaden el alma.

Sumas y restas que nos moldean, construyen y reconstruyen en el andar cotidiano.

 

La vida… septiembre 11, 2010

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 6:01 am
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La vida es un tren que parte y se lleva consigo mucha gente que va hacia ningún lugar, mientras otra saluda desde el andén con los ojos vidriosos y el sabor amargo que deja la despedida.

Es una persona que camina rápidamente de acá para allá dejando a su paso un perfume de jazmines y rosas amarillas, mientras que a su lado otra disfruta del aroma en el aire.

La primavera que pinta los árboles de colores lilas y verdes, y algún que otro amarillo. Y el invierno que desnuda las plazas y los parques.

Es el tic tac que marca el galope rápido y constante de los días, agolpándose unos con otros.

Una pareja que baila en un bar, con la mirada perdida y la cabeza apoyada sobre el hombro del otro, y el hombre surcando la cintura de la mujer que se mueve con él al ritmo de una guitarra.

Las lunas que brillan en un cielo con tintes de rojo, que anuncian un despertar lluvioso y un tanto fresco. Es el sol irradiando calor y luz, y la gente recostada esperando broncearse.

Una pareja sentada en un parque acariciándose la cara y el alma, a escasos metros de otra que llora y que siente el final de una historia.

Un beso bajo la lluvia.

La nariz de un niño apoyada frente al vidrio de una juguetería.

Es un mar de dudas y certezas, de decepciones y alegrías, de golpes y recompensas.

Un vaivén de desventuras y felicidades.

Es una maravillosa sorpresa. Un descubrir constante. Una película inconclusa.