El Maravilloso Mundo de Godi

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EL fútbol y la vida junio 26, 2011

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 10:11 pm
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“Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuanto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: No saben nada de fútbol” Eduardo Sacheri

Hoy cuando miraba el partido y faltaban apenas minutos  para que terminara, y ya en el aire se percibía la sensación de dolor, de indignación, de odio acumulado ante aquellos que viven el fútbol sólo como un negocio. Y en la TV se enfocaban las caras de hinchas llorando, cantando y revoleando al compás la camiseta, cabezas cabizbajas, bronca contenida.

Y mientras miraba todo esto, con los ojos vidriosos y la cabeza entre las manos, recordaba la primera vez que pisé el Monumental, con apenas diez años y poco más de un metro treinta, y mi viejo me compró gorro, corneta y bandera, y con todo el merchandising sobre mi pequeño cuerpo ingresé en esa inmensa cancha pintada de rojo y blanco, y la hinchada alentaba con toda su pasión.

Y recordé al chileno Salas, arrodillado en una esquina de la cancha y con una mano extendida al cielo, y al Enzo corriendo hacia él para festejar un gol. Al Mono Burgos, con sus rarezas y locuras y con su pelo al viento. A Aymar y Saviola, gambeteando con toda elegancia.

Pero lo que más recordé fue cuando, después del gol de Salas, saltaba de alegría sobre uno de los asientos del Monumental, y mi viejo y mi hermana me abrazaron, y compartimos uno de esos momentos maravillosos y únicos que el fútbol sabe brindarnos y que sólo aquellos que lo experimentan pueden entender de que se trata.

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Fútbol, a sol y sombra abril 5, 2011

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 3:48 am
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– Me había olvidado lo que se sentía, la gente, los cantos, los bombos, el olor a choripán – dijo Julio mirando a la gente que saltaba a su alrededor.

– ¿Hacía mucho tiempo que no venías? – preguntó Bruno mientras miraba de reojo hacia la cancha donde el equipo calentaba.

– Ufff, hace tanto tiempo ya, demasiado – se apoyó la mano sobre el rostro mirando hacia el suelo – como cuarenta y pico de años.

– ¿Y venías mucho antes?

– No me perdía un partido, pibe – sonrió de costado – así lloviera a cantaros, me tomaba el 40, caminaba 15 cuadras y acá firme cantando y gritando.

– ¿Y por qué dejaste de venir? – giró el cuerpo en dirección al hombre.

-Porque una tarde que era el clásico, perdimos, y no es que no lo haya visto perder antes, pero esa vez fue diferente, no nos lo merecíamos – hizo una breve pausa con la mirada perdida – Así que cuando salí de acá fui a un bar y me agarré una mamúa como nunca me había agarrado.

– ¿Y qué paso? ¿Por qué hiciste la promesa?

– Porque cuando llegué a mi casa tu abuela estaba con contracciones y tuve que ir al hospital así como estaba, borracho y con algunos golpes que me habían dado cuando nos agarramos a trompadas con los de Atlanta.

– Y te sentiste culpable y decidiste hacer la promesa de no venir más a la cancha.

– ¡Que me voy a sentir culpable! La sargento de la abuela me hizo prometerle que no iba a venir más a la cancha o agarraba al pibe y se volvía para San Jorge.

– ¿Y por qué te dejó venir hoy?

– Porque le dije que no quería morirme sin ver un clásico con mi sangre – le dio unos suaves golpes en el rostro al joven – bueno basta de tan charla que ahí arranca el partido.

 

La barrera septiembre 1, 2010

Filed under: Uncategorized — elmaravillosomundodegodi @ 3:38 am
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Una tarde de abril de los años 90’, de esas que obligan a usar un sweter, pero en las que el sol aún quema un poco. Desde una de las tribunas del Club Ferro de Olavarría, lo vi correr hacia el área contraria, peinando a la pelota a su paso, esquivar algunos defensores que intentaban frenarlo en su atacada y meter un gol con la elegancia y la grandeza de los grandes futbolistas, uno de esos goles magníficos, de esos que erizan la piel, que levantan a toda la tribuna, que hierven la sangre y te movilizan a saltar el alambrado y festejarlo con el equipo.

Y no es que haya sido un gran jugador, pero ese día brilló, en las inferiores de ese equipo de barrio que debe estar en la H del campeonato. Lo vi llevar la pelota, hacerla bailar sobre el pasto, como en esas tardes de verano cuando jugamos en la canchita del barrio y se dejaba el alma, y nosotras desde afuera fingíamos relatar el partido.

Es por eso que me costó tanto verlo vencido, sin poder atacar, sin traspasar a esos defensores que un día lo voltearon, porque sé de la magia que podía desplegar, porque sé que aunque no haya sido el mejor jugador de la cancha, lo hacía con el corazón, con los huevos.

Y no es que crea que se dejó vencer sin más, no para nada. Lo vi intentar atacar con todas sus fuerzas, intentar traspasar la barrera, gambetear al destino y a esos obstáculos que te pone la vida, pero a diferencia de aquella tarde de abril de los ’90, esta vez no salió victorioso.